La narración sociológica

De lo cierto a lo fluído en la narración sociológica de  Zygmunt Bauman.

Sin duda una de las aportaciones más valiosas de Bauman a las ciencias sociales en general es la reivindicación de la narrativa como una modalidad de análisis sociológico, amplia en versatilidad, compatibilidad y valor cognoscitivo. El lenguaje de Bauman y su flexibilidad argumentativa, su riqueza metafórica y el bagaje de información “dura” con los que acompaña sus exposiciones le convierten en un autor de accesible lectura, sin que ello represente ninguna merma en la formulación de observaciones vastamente fundadas y complejizadas.

Esta variedad de reflexión sociológica permite con mayor facilidad que los investigadores adiestrados en otras disciplinas sociales como la ciencia política, el derecho o aún la economía, puedan tener intercambios disciplinarios más provechosos y sugerentes.

Aún considerando que las discusiones sobre las posibilidades de compatibilizar el pensamiento sociológico con otras ramas del saber social hayan conducido en los hechos a una independencia disciplinar, el talento expositivo de Bauman hace ver esta tendencia como un autismo epistemológico que ha de ser superado en aras del mutuo enriquecimiento disciplinario.

Además de estas virtudes de “forma” en la obra de Bauman, queda pendiente de señalar la extraordinaria agudeza de su pensamiento, que logra diseccionar con gran asertividad los vericuetos y paradojas de la experiencia de la persona en la sociedad actual, tensándola invariablemente con datos duros y metáforas de la vida cotidiana que frecuentemente le proveen de claridad, contundencia e irrefutabilidad a sus afirmaciones.

Otra de sus virtudes consistiría en que habiendo logrado la propuesta de una semántica novedosa, que permite mirar con nuevos ojos la realidad tan dinámica de nuestra actualidad, denominada por él como  “modernidad líquida”, a través de su vasta obra logra también explorar los significados, implicaciones y consecuencias que dicha cualidad tendría para la vida humana en las distintas geografías y temporalidades que coexisten en el mundo actual.

Bauman apunta agudamente hacia los factores nodales que articulan lo que desde una lectura más juiciosa podría mirarse como desbalances y paradojas en que se ha soportado el proyecto de la modernidad y disecciona con gran delicadeza los factores que vendrían a conformar una posible crisis civilizatoria a que nos conduciría la imposición desproporcionada o hegemonía tiránica de la ley de la economía de mercado, que no sólo en función de la degradación global del biohábitat sino además en términos de la degradación de las relaciones del hombre para con el hombre, está conduciendo a una confrontación social colapsaria cada vez más grave e irreversible.

En efecto, uno de los aspectos de la obra de Bauman que más atención suscita para el desarrollo de futuras reflexiones es lo referenta a la degradación planetaria, que desde distintos ámbitos de las ciencias físicas y desde hace ya muchos años ha sido referida como una trasgresión al equilibrio biótico del planeta, que acarrearía necesariamente consecuencias meteorológicas catastróficas. Esta problemática es revisada también por Bauman principalmente desde su dimensión humana. Así pues de su lectura puede inferirse que este abuso del hombre sobre la naturaleza tiene su homologación en la dimensión social: el hombre escindido de la naturalaza frente al hombre integrado con la naturaleza.

Sobre esto hay que añadir que Bauman es también muy cuidadoso de no caer en revisiones morales del acontecer actual y esta cualidad se vuelve muy apreciable, porque además de dar cuenta de las posibilidades de objetivación de la realidad a través de una modalidad narrativa, permite una mejor aproximación a los nexos causales entre los fenómenos observados y a partir de esta distancia sienta las bases de una prognosis “fluida” y posible puramente a partir de la observación sociológica desprejuiciada.

Así pues al referir esta “deshumanizacion” de la sociedad actual, marcada en su dimensión inter-nacional por la explotación de las naciones más tecnologizadas hacia los pueblos más “tradicionales”, no predica condenatorias ni reclama redencionismos para ninguna parte, sino que hace manifiesto a través de datos duros, frecuentemente obtenidos de las mismas fuentes de Internet (modelo de la comunicación líquida de la sociedad actual) el advenimiento de un futuro caracterizado por oleajes de movimientos migratorios masivos que se vislumbra a la vez como incontenible activador de problemáticas inusitadas.

Su obra aborda también la difícil y poco asible trama de las relaciones afectivas actuales, en su carácter efímero y volátil, como una condición crecientemente generalizada y sin precedentes. También da cuenta del carácter multi-temporal y horizontal de la vida en la “modernidad líquida”, con todas las características hasta aquí referidas.

Con lo dicho bien cabe afirmar que Bauman no solo presenta una lectura sociológica novedosa caracterizada por una visión flexible y dinámica del acontecer social, sino que en congruencia con una profunda comprensión de esta realidad logra transmitir en sus reflexiones una serie de mecanismos de observación que sin temor a exagerar podrían bien sentar las bases de un nuevo paradigma epistemológico para las observaciones sociales: el pensamiento líquido, vertido en una sociología líquida que fluye incluso hacia un hacer político líquido, cuyas bases se vislumbran en diversos fenómenos de culturalidad política cibernética a los que me referiré a continuación.

Efectivamente, uno de los fenómenos sociales que ocupan nuestra observación tiene que ver con las formas de participación política que se están promoviendo hoy por Internet. La licuefacción de la vida política, muy por el contrario de agotarse en su versión “farandularia” por la que hoy diversos personajes del mundo del entretenimiento televisivo se vuelcan a ocupar espacios políticos, también produce formas de acción más rentables para la sociedad en términos de fungir como ventanas de accesibilidad para distintas formas de acción colectiva, que en el Internet, sobre todo, han encontrado un ámbito de expresión sin precedentes.

Así pues, ha venido a ocupar un papel relevante, la acción de algunas organizaciones virtuales, que mediante el uso de la Internet, han exhortado a la ciudadanía de todo el mundo a enviar, por ejemplo, correos electrónicos a los servidores del Congreso norteamericano, con la intención de saturar o bloquear sus actividades como mecanismo de presión y forma protestataria a favor o en contra de distintas causas, pacifistas, ecologistas o de cualquier índole de interés planetario, como fuel el caso de la campaña mundial de “Move On” para protestar contra la invasión a Iraq, convocando acciones masivas virtuales y telefónicas, y cuya eficacia ciertamente es imposible medir hoy, pero que dadas las condiciones de transterritorialidad que ofrecen estos medios de comunicación, se vislumbran como nuevas modalidades de acción política sin fronteras, como nuevas formas de hacer “política líquida”.

Continuando con la reflexión sobre el Internet, sin duda este medio se presenta como el catalizador de un paradigma civilizatorio marcado por la flexibilidad y la velocidad, como el campo fértil para el tendido de redes epistémicas, que como referíamos anteriormente, consolidarían ese paradigma de “saber líquido”.

Pero si esta cualidad fluida de la vida, las relaciones y las estructuras sociales tiende a diseminarse impregnándo todo lo humano a su paso, los aspectos más íntimos de la condición humana vienen a ser trastocados para degradarse y ser barridos por el influjo de la maleabilidad; así pues la familia viene a concebirse como un constructo social, posible de ser moldeado y ajustado a condiciones diferentes; y las dependencias afectivas adquieren un nuevo significado: la conveniencia.

Pero esta liviandad emocional presenta un rostro trágico para todos los que forjados en una visión más sólida de la vida, asida a juicios y valores morales, o más sentimental, como se le quiera ver, no asumimos con “fluida” naturalidad el aparente e ilusorio curso del evolucionismo depredatorio de la vida; presenta un rostro trágico para todos los que nos lamentamos la marginación en que viven millones de seres humanos excluidos de esta modernidad líquida y de este estilo de vida líquido que se filtra en todo socavando enterezas milenarias, trastocando formas de culturalidad y civilización para las que los conceptos de “sagrado” y “divino” aun perviven como vagas reminiscencias de una forma de ser y pensar que se resiste a ser subsumida, arrasada por las mareas exorbitantes de la modernidad líquida.

Ante la cosmovisión de lo “sagrado” este modo de ser y vivir tan desprovisto de “solidez” no puede ser nada conveniente ni favorable para la preservación de la vida. Mientras que para la mirada de la modernidad líquida, el exterminio del hombre por el hombre también presenta formas más flexibles y menos culposas, menos evidentes y por tanto menos graves.

No sólo se extermina el hombre al hombre con métodos directos como las guerras y las masacres bioquímicas, sino aún de formas más sutiles y de largo plazo, como lo pudiera ser el rociado urbano de los vapores mortales que expelen las máquinas de los “incluidos” sobre millones de seres “residuales” que caminan entre las calles desprotegidos, ofreciéndose a limpiar la ventana del coche o vender chicles entre los coches, como ocurre en muchas megápolis.

No sólo se extermina el hombre al hombre físicamente, a la vez que degrada y agota la capacidad biótica del planeta, sino que se va aniquilando a sí mismo, atentando contra una parte del espíritu humano, simbolizada en esa visión tradicional y sagrada de la existencia con valores trascendentes que cada vez más pocos grupos pueden practicar apenas subsistiendo sofocadamente.

Pero tampoco es dable saber si esta licuefacción del espíritu humano acaso sea un atemperamento que se orienta hacia una “muda” de la piel de la conciencia colectiva, renovando la reseca vestidura de antaño para permitir la emergencia de una sensibilidad más humana, abarcadora y empática.

Por último no puedo menos que reflexionar como jurista, en torno a las relevantes implicaciones que este modo de ser de la modernidad líquida tenga para las formas de impartición de justicia. Aún cuando en un horizonte lejano se vislumbre el advenimiento de un modo más horizontal de ajusticiarse, probablemente mediante mecanismos de “autojusticia revisada”, lo cierto es que la influencia de los “sistemas jurídicos fluidos” que operan con ese carácter desde hace ya mucho años en algunos de los países más desarrollados, bajo el esquema de jurisdicción “casuística” se va imponiendo precisamente por su agilidad y funcionalidad frente a los anquilosados sistemas herederos de la otrora vanguardista legalidad románica.

Éste y otros innumerables pensamientos más, imposibles de desarrollar en este breve ensayo, fluyen de la mente con facilidad como producto de una lectura cualquiera de Bauman, que por demás de ser rica en sugerencias es tremendamente amena; exhorta definitivamente a pensar y sobre todo, a pensar de otro modo; y siendo así ¿cómo no va sentar, la obra de este autor, las bases para un nuevo paradigma de intercambio de la experiencia humana, que por contraposición a la agobiante y pesada “certeza” que buscaba el hombre en anteriores épocas, se caracteriza hoy por los signos de la liviandad y el pragmatismo que más bien podrían ser denominada como fluideza?

César García Razo.

Agosto de 2010.

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